M. Sc. Santiago Borrero Mutis, Secretario General del Instituto Panamericano
de Geografía e Historia, Dra. Edith Márquez Rodríguez,
Directora de la Representación de la Organización de los
Estados Americanos (OEA) en México, Licenciada Isabel Farha Valenzuela,
Doctor Leopoldo Zea, Señores Miembros del Cuerpo Diplomático
acreditado en México, Miembros del Jurado Calificador del Premio
de Historia Colonial de América "Silvio Zavala" demás
colaboradores del IPGH, amigos y amigas.
Me siento enormemente complacida de poder recibir personalmente el
premio otorgado por el Instituto Panamericano de Geografía e
Historia, premio de enorme importancia a nivel Hispanoamericano, que
recibo no sólo como un gran estímulo para continuar mi
labor de investigación y de docente en el área, sino como
un aliciente para el desarrollo de los estudios coloniales en Colombia.
Es también para mí muy significativo que este reconocimiento
me sea otorgado en México, país que me acogió durante
la realización de mis estudios doctorales y al que regreso hoy
doblemente emocionada.
Antes de referirme propiamente a la obra quiero aludir al significado
que en el ámbito académico tiene un premio como el que hoy
confiere el Instituto Panamericano de Geografía e Historia y a
lo determinante que en mi formación profesional ha sido la obra
de Silvio Zavala, en cuyo honor se ha establecido este premio.
En primer término quiero llamar la atención sobre la
vocación del Instituto Panamericano de Geografía e Historia
al proponerse fomentar, coordinar y difundir estudios en diferentes
áreas de las Ciencias Sociales en los distintos países
de América.
La tarea del Instituto, a través de sus diferentes premios,
así como la amplia cobertura de proyectos y de publicaciones
que ofrece, ha permitido el flujo y la circulación de investigaciones
que de otra manera se mantendrían reservadas a nuestras propias
regiones o, como sucede comúnmente encontrarían más
fácil difusión a través de investigadores americanistas
establecidos en Universidades e Instituciones académicas de Europa
y los EE UU.
Es importante resaltar que la promoción de los estudios de Historia
colonial del continente, a través del premio ofrecido por el
Instituto Panamericano, facilita el intercambio investigativo acerca
de los contextos particulares en que se desenvolvieron los procesos
de dominación española. En el estado actual en que se
encuentran los estudios coloniales resulta más significativo
aún, por cuanto se ha llegado al punto de un conocimiento más
diferenciado de las dinámicas que se llevaron a cabo entre los
pueblos asentados inicialmente en los territorios. De otra parte, porque
facilita pensar desde el presente los procesos que de una u otra manera
tuvieron un impacto en la historia que estamos viviendo.
La obra de Silvio Zavala, por otra parte, significa un ejercicio metódico,
pausado, exhaustivo, que enseñó a la generación
de historiadores a la que pertenezco y a las que nos siguen las virtudes
del refinamiento conceptual, del rigor metodológico y del arte
de escribir. Recuerdo con gusto mis primeras aproximaciones a la historia
colonial a través de obras como "La filosofía política
en la Conquista de América", "La encomienda indiana",
"Las instituciones jurídicas en la conquista de América",
a las cuales tuve nuevamente acceso, con una mirada más madura,
mientras estudiaba mi doctorado en El Colegio de México. Estas
obras facilitaron mi formación y abrieron posibilidades a mis
horizontes investigativos.
"Tierra y Comunidad. Un problema irresuelto. El caso del altiplano
cundiboyacense 1750-1800", no habría sido posible sin el
apoyo de mis maestros, particularmente del Doctor Carlos Sempat Assadourian
quien como director de mi tesis doctoral discutió mis propuestas
y participó activamente en el proceso de elaboración.
Las becas de la OEA, El Colegio de México, el Ministerio de Relaciones
Exteriores de éste país y la financiación que recibí
del Instituto Colombiano para la promoción de la Ciencia y la
Tecnología (Colciencias), facilitaron el tiempo dedicado a la
preparación de mi proyecto de investigación y a la redacción
de los primeros capítulos. También quisiera agradecer
públicamente a la Universidad Javeriana a donde regresé
a trabajar después de mi estancia en México y particularmente
a la Universidad de los Andes en Bogotá, lugar donde actualmente
trabajo y al Instituto Colombiano de Antropología e Historia
organismos que acogieron con entusiasmo el proyecto de su publicación.
"Tierra y comunidad" es un trabajo que mira la historia de
los últimos cincuenta años del siglo XVIII, en el centro
del virreinato de la Nueva Granada, enfocándose en la problemática
social que generó la transición del sistema comunal de
tierras hacia la propiedad individual. El texto, que sitúa sus
orígenes durante las reformas borbónicas, sugiere una
revisión de aquella tesis que plantea la transformación
de la propiedad territorial a partir de las reformas bolivarianas. Y
ofrece una mirada general a los múltiples traumatismos generados
dentro y fuera de las poblaciones indígenas, a partir de la readjudicación
de sus tierras y el paso de éstas a manos de "vecinos",
es decir, pobladores de todos los colores, particularmente mestizos.
Las presiones demográficas, el afán por la generación
de excedentes económicos, el desdibujamiento social y étnico
de las dos repúblicas -de indios y de españoles-, la debilidad
de las autoridades locales, fueron algunas de las razones que dieron
como resultado la transformación de las tierras comunales, llamadas
generalmente "resguardos". El libro presenta el proceso de
readecuación de la propiedad diferenciando los tres mecanismos
adoptados por los visitadores a los pueblos de indios: el recorte de
algunas de estas posesiones, la extinción de otras y la concentración
en un mismo espacio de varios pueblos de indios.
En el transcurso de la investigación se fueron configurando
otras realidades históricas. Una de ellas merece una breve enunciación:
la heterogeneidad de pensamiento acerca de los procedimientos que se
debían llevar a cabo en el virreinato; las incompatibles posiciones
de los funcionarios reales, frente a la disolución de las tierras
comunales, los fue polarizando hasta convertirlos en bandos opuestos,
con los consecuentes inconvenientes que este tipo de conflictos causa
en la buena administración de un territorio.
Pero quizás, el elemento más significativo en mi experiencia
personal como historiadora, fue descubrir que un territorio como el
altiplano cundiboyacense, al que siempre me había aproximado
como una unidad, donde la geografía y los hombres permitían
pensarlo de manera homogénea, era algo mucho más complejo.
En las distintas áreas del Altiplano se tejían diferentes
procesos: la demografía era muy variada en las diferentes unidades
territoriales que lo componían, tampoco se compartía las
mismas actividades agrarias y variaban sustantivamente el tipo de relaciones
sociales de los sujetos que la habitaban. Todo esto dio como resultado
una segunda parte del libro en la que se procuró hacer una diferenciación
donde la demografía, las actividades económicas y las
diferentes dinámicas sociales, produjeron un conjunto de subregiones.
Por último quiero insistir en que "Tierra y comunidad"
es la historia de una fracción muy pequeña del actual
territorio colombiano; sin embargo, a través de ella se pueden
rastrear algunos fenómenos que con otros actores sociales, y
bajo otras condiciones generales, siguen siendo en la actualidad "un
problema irresuelto". Espero, pues, que el presente trabajo no
sólo sea un aporte verdadero al estudio de dicho tema, sino que,
más allá de dejarse leer, cree en ustedes curiosidad y
placer.
Muchas gracias.