"TIERRA Y COMUNIDAD: UN PROBLEMA IRRESUELTO" DE DIANA BONNETT, OBRA GANADORA DEL PREMIO DE HISTORIA COLONIAL DE AMÉRICA "SILVIO ZAVALA" 2002-2003

Diana Bonnett resalta la vocación del IPGH de fomentar, coordinar y difundir
estudios en diferentes áreas de las Ciencias Sociales en América

Durante su intervención, la destacada historiadora colombiana, se refirió a la tarea del Instituto y manifestó que "...a través de sus diferentes premios, así como la amplia cobertura de proyectos y de publicaciones que ofrece, ha permitido el flujo y la circulación de investigaciones que de otra manera se mantendrían reservadas a nuestras propias regiones o, como sucede comúnmente encontrarían más fácil difusión a través de investigadores americanistas establecidos en Universidades e Instituciones académicas de Europa y los EE UU".

Igualmente expresó la doctora Bonnett, Directora del Departamento de Hsitoria de la Universidad de Los Andes, que recibe el premio "...no sólo como un gran estímulo para continuar mi labor de investigación y de docente en el área, sino como un aliciente para el desarrollo de los estudios coloniales en Colombia. Es también para mí muy significativo que este reconocimiento me sea otorgado en México, país que me acogió durante la realización de mis estudios doctorales...".

 

 

 

DIANA BONNETT, GANADORA DEL PREMIO DE HISTORIA COLONIAL
DE AMÉRICA "SILVIO ZAVALA" 2002-2003"

M. Sc. Santiago Borrero Mutis, Secretario General del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Dra. Edith Márquez Rodríguez, Directora de la Representación de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en México, Licenciada Isabel Farha Valenzuela, Doctor Leopoldo Zea, Señores Miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en México, Miembros del Jurado Calificador del Premio de Historia Colonial de América "Silvio Zavala" demás colaboradores del IPGH, amigos y amigas.

Me siento enormemente complacida de poder recibir personalmente el premio otorgado por el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, premio de enorme importancia a nivel Hispanoamericano, que recibo no sólo como un gran estímulo para continuar mi labor de investigación y de docente en el área, sino como un aliciente para el desarrollo de los estudios coloniales en Colombia. Es también para mí muy significativo que este reconocimiento me sea otorgado en México, país que me acogió durante la realización de mis estudios doctorales y al que regreso hoy doblemente emocionada.

Antes de referirme propiamente a la obra quiero aludir al significado que en el ámbito académico tiene un premio como el que hoy confiere el Instituto Panamericano de Geografía e Historia y a lo determinante que en mi formación profesional ha sido la obra de Silvio Zavala, en cuyo honor se ha establecido este premio.

En primer término quiero llamar la atención sobre la vocación del Instituto Panamericano de Geografía e Historia al proponerse fomentar, coordinar y difundir estudios en diferentes áreas de las Ciencias Sociales en los distintos países de América.

La tarea del Instituto, a través de sus diferentes premios, así como la amplia cobertura de proyectos y de publicaciones que ofrece, ha permitido el flujo y la circulación de investigaciones que de otra manera se mantendrían reservadas a nuestras propias regiones o, como sucede comúnmente encontrarían más fácil difusión a través de investigadores americanistas establecidos en Universidades e Instituciones académicas de Europa y los EE UU.

Es importante resaltar que la promoción de los estudios de Historia colonial del continente, a través del premio ofrecido por el Instituto Panamericano, facilita el intercambio investigativo acerca de los contextos particulares en que se desenvolvieron los procesos de dominación española. En el estado actual en que se encuentran los estudios coloniales resulta más significativo aún, por cuanto se ha llegado al punto de un conocimiento más diferenciado de las dinámicas que se llevaron a cabo entre los pueblos asentados inicialmente en los territorios. De otra parte, porque facilita pensar desde el presente los procesos que de una u otra manera tuvieron un impacto en la historia que estamos viviendo.

La obra de Silvio Zavala, por otra parte, significa un ejercicio metódico, pausado, exhaustivo, que enseñó a la generación de historiadores a la que pertenezco y a las que nos siguen las virtudes del refinamiento conceptual, del rigor metodológico y del arte de escribir. Recuerdo con gusto mis primeras aproximaciones a la historia colonial a través de obras como "La filosofía política en la Conquista de América", "La encomienda indiana", "Las instituciones jurídicas en la conquista de América", a las cuales tuve nuevamente acceso, con una mirada más madura, mientras estudiaba mi doctorado en El Colegio de México. Estas obras facilitaron mi formación y abrieron posibilidades a mis horizontes investigativos.

"Tierra y Comunidad. Un problema irresuelto. El caso del altiplano cundiboyacense 1750-1800", no habría sido posible sin el apoyo de mis maestros, particularmente del Doctor Carlos Sempat Assadourian quien como director de mi tesis doctoral discutió mis propuestas y participó activamente en el proceso de elaboración. Las becas de la OEA, El Colegio de México, el Ministerio de Relaciones Exteriores de éste país y la financiación que recibí del Instituto Colombiano para la promoción de la Ciencia y la Tecnología (Colciencias), facilitaron el tiempo dedicado a la preparación de mi proyecto de investigación y a la redacción de los primeros capítulos. También quisiera agradecer públicamente a la Universidad Javeriana a donde regresé a trabajar después de mi estancia en México y particularmente a la Universidad de los Andes en Bogotá, lugar donde actualmente trabajo y al Instituto Colombiano de Antropología e Historia organismos que acogieron con entusiasmo el proyecto de su publicación.

"Tierra y comunidad" es un trabajo que mira la historia de los últimos cincuenta años del siglo XVIII, en el centro del virreinato de la Nueva Granada, enfocándose en la problemática social que generó la transición del sistema comunal de tierras hacia la propiedad individual. El texto, que sitúa sus orígenes durante las reformas borbónicas, sugiere una revisión de aquella tesis que plantea la transformación de la propiedad territorial a partir de las reformas bolivarianas. Y ofrece una mirada general a los múltiples traumatismos generados dentro y fuera de las poblaciones indígenas, a partir de la readjudicación de sus tierras y el paso de éstas a manos de "vecinos", es decir, pobladores de todos los colores, particularmente mestizos.

Las presiones demográficas, el afán por la generación de excedentes económicos, el desdibujamiento social y étnico de las dos repúblicas -de indios y de españoles-, la debilidad de las autoridades locales, fueron algunas de las razones que dieron como resultado la transformación de las tierras comunales, llamadas generalmente "resguardos". El libro presenta el proceso de readecuación de la propiedad diferenciando los tres mecanismos adoptados por los visitadores a los pueblos de indios: el recorte de algunas de estas posesiones, la extinción de otras y la concentración en un mismo espacio de varios pueblos de indios.

En el transcurso de la investigación se fueron configurando otras realidades históricas. Una de ellas merece una breve enunciación: la heterogeneidad de pensamiento acerca de los procedimientos que se debían llevar a cabo en el virreinato; las incompatibles posiciones de los funcionarios reales, frente a la disolución de las tierras comunales, los fue polarizando hasta convertirlos en bandos opuestos, con los consecuentes inconvenientes que este tipo de conflictos causa en la buena administración de un territorio.

Pero quizás, el elemento más significativo en mi experiencia personal como historiadora, fue descubrir que un territorio como el altiplano cundiboyacense, al que siempre me había aproximado como una unidad, donde la geografía y los hombres permitían pensarlo de manera homogénea, era algo mucho más complejo. En las distintas áreas del Altiplano se tejían diferentes procesos: la demografía era muy variada en las diferentes unidades territoriales que lo componían, tampoco se compartía las mismas actividades agrarias y variaban sustantivamente el tipo de relaciones sociales de los sujetos que la habitaban. Todo esto dio como resultado una segunda parte del libro en la que se procuró hacer una diferenciación donde la demografía, las actividades económicas y las diferentes dinámicas sociales, produjeron un conjunto de subregiones.

Por último quiero insistir en que "Tierra y comunidad" es la historia de una fracción muy pequeña del actual territorio colombiano; sin embargo, a través de ella se pueden rastrear algunos fenómenos que con otros actores sociales, y bajo otras condiciones generales, siguen siendo en la actualidad "un problema irresuelto". Espero, pues, que el presente trabajo no sólo sea un aporte verdadero al estudio de dicho tema, sino que, más allá de dejarse leer, cree en ustedes curiosidad y placer.

Muchas gracias.

 

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